La aparición de esta patología puede ser indicativa de la aparición de una grave enfermedad o de carencia de hierro causada por una dieta desequilibrada o incompleta, la frecuencia de las anemias aumenta al avanzar la edad ; no siempre se trata de una consecuencia normal del envejecimiento.
Entre las variaciones con la edad encontramos que: el volumen hemático se halla en general disminuido y la viscosidad está aumentada en relación al adulto. El recuento de glóbulos rojos arroja en general valores de 3,0 ± 3,5 millones/mm y la hemoglobina es inferior a los 11 g. Además de que el tejido linfático, incluidos ganglios y bazo, disminuye de volumen y paralelamente disminuye el número de folículos linfáticos. En el anciano el bazo y también los ganglios linfáticos pueden pesar un 50 % menos que en un individuo adulto. Además en los pacientes ancianos que viven sólos, se observa además cierto aumento de la incidencia de anemias por carencias vitamínicas atribuibles a una alimentación inadecuada.
Entre las anemias mas frecuentes tenemos: por un aporte insuficiente de vitaminas (grupo B y C).
Por escasa absorción de hierro: en el anciano, la disminución de la secreción ácida del estómago puede dar lugar a una absorción defectuosa e inadecuada tanto de hierro como de otras sustancias necesarias para la producción normal de glóbulos rojos por parte de la médula. Los varones resultan afectados con mayor frecuencia en edad anciana. La anemia de este tipo puede deberse también a intervenciones quirúrgicas del estómago y a colitis crónica. Una disfunción pancreática en general da lugar a síntomas digestivos con posible mala absorción del hierro.
Posthemorrágicas: .derivan de una pérdida crónica de sangre; las causas más frecuentes son: rotura de varices, repetidas hemorragias microscópicas del tracto gastrointestinal debidas a menudo a diverticulosis o úlcera gastroduodenal, lesiones malignas, enteritis y hemorroides.
Por mal posición del estómago: la hernia de hiato es muy común en los ancianos y su incidencia aumenta a partir de la quinta década de vida. La administración de la cantidad adecuada de comida se torna difícil debido a que la deglución resulta dolorosa; a menudo, el paciente evita los alimentos sólidos y prefiere una dieta semilíquida, con escaso aporte de hierro. También en este caso una deficiencia de hierro causa atrofia de la mucosa gástrica y, debido a un círculo vicioso, da lugar a una condición de mal absorción. Eventuales hemorragias a partir de la hernia aumentan las pérdidas de hierro. Los síntomas varían y a menudo permanecen ocultos durante mucho tiempo, para hacerse manifiestos sólo a edades avanzadas. Los más comunes son: cansancio, dificultad y angustia respiratoria, aumento de la frecuencia cardíaca, vértigo, dolores torácicos en la región cardíaca, deglución dolorosa. La atrofia de la mucosa de la boca y de la lengua y la presencia de pequeñas llagas y grietas muy dolorosas en las comisuras de la boca son muy frecuentes.
Por enfermedades crónicas: en el anciano son comunes las infecciones crónicas que pueden determinar un trastorno de la médula espinal.
Por escasa absorción de hierro: en el anciano, la disminución de la secreción ácida del estómago puede dar lugar a una absorción defectuosa e inadecuada tanto de hierro como de otras sustancias necesarias para la producción normal de glóbulos rojos por parte de la médula. Los varones resultan afectados con mayor frecuencia en edad anciana. La anemia de este tipo puede deberse también a intervenciones quirúrgicas del estómago y a colitis crónica. Una disfunción pancreática en general da lugar a síntomas digestivos con posible mala absorción del hierro.
Posthemorrágicas: .derivan de una pérdida crónica de sangre; las causas más frecuentes son: rotura de varices, repetidas hemorragias microscópicas del tracto gastrointestinal debidas a menudo a diverticulosis o úlcera gastroduodenal, lesiones malignas, enteritis y hemorroides.
Por mal posición del estómago: la hernia de hiato es muy común en los ancianos y su incidencia aumenta a partir de la quinta década de vida. La administración de la cantidad adecuada de comida se torna difícil debido a que la deglución resulta dolorosa; a menudo, el paciente evita los alimentos sólidos y prefiere una dieta semilíquida, con escaso aporte de hierro. También en este caso una deficiencia de hierro causa atrofia de la mucosa gástrica y, debido a un círculo vicioso, da lugar a una condición de mal absorción. Eventuales hemorragias a partir de la hernia aumentan las pérdidas de hierro. Los síntomas varían y a menudo permanecen ocultos durante mucho tiempo, para hacerse manifiestos sólo a edades avanzadas. Los más comunes son: cansancio, dificultad y angustia respiratoria, aumento de la frecuencia cardíaca, vértigo, dolores torácicos en la región cardíaca, deglución dolorosa. La atrofia de la mucosa de la boca y de la lengua y la presencia de pequeñas llagas y grietas muy dolorosas en las comisuras de la boca son muy frecuentes.
Por enfermedades crónicas: en el anciano son comunes las infecciones crónicas que pueden determinar un trastorno de la médula espinal.
Macrocíticas: estas anemias se deben en general a una alteración en la absorción, el almacenamiento y la utilización de los factores necesarios para una normal hematopoyesis (producción de glóbulos rojos); a enfermedades graves del hígado, a tumor o resección del estómago o a mal absorción de vitaminas.
Perniciosa: esta enfermedad rara vez se observa ahora antes de los 50 años La deficiencia de vitamina B por una mala absorción de la misma y la atrofia de la mucosa gástrica hacen que el anciano se encuentre especialmente expuesto a ella. Dicha condición puede verse agravada por un tratamiento antibiótico prolongado, que dificulta la síntesis de vitaminas del grupo B. En algunos casos la condición pasa desapercibida y los síntomas, sobre todo los de naturaleza neurológica, gastrointestinal y cardiovascular se
confunden con los de un deterioro físico general propio de la vejez.
Refractarias: son bastante comunes a edad avanzada, aquí las células de la médula ósea no son capaces de utilizar el hierro, probablemente por una deficiencia enzimática.
En cuanto a la terapia, es necesario prestar atención también a una dieta equilibrada y orientada a la corrección de cualquier deficiencia alimentaria. Las vitaminas pueden garantizar el buen estado de la mucosa del tracto digestivo.
Refractarias: son bastante comunes a edad avanzada, aquí las células de la médula ósea no son capaces de utilizar el hierro, probablemente por una deficiencia enzimática.
En cuanto a la terapia, es necesario prestar atención también a una dieta equilibrada y orientada a la corrección de cualquier deficiencia alimentaria. Las vitaminas pueden garantizar el buen estado de la mucosa del tracto digestivo.
Fuente:
Instituto gente
natural, la anemia en el
anciano, Uruguay
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